Clara y Lucas son amigos desde hace 10 años, pareja desde hace 3. De compañeros de facultad a compañeros de cama y sofá. Una sueña con futuros increíbles y el otro trata de poder soñar. Atrapados en una monotonía incierta, se quieren.
Pablo y Ana se conocieron en una fiesta, no se separan desde entonces, hace 5 años. Vidas independientes que se encuentran cada día al dar las 5 en casa de él. Uno romántico empedernido, la otra pisando el suelo con muchas ganas, se compenetran, se quieren.
Clara y Pablo, Pablo y Clara, se encontraron hace 4 años por casualidad. Ella vestida de amarillo, él de azul, en la presentación de un libro de un autor que a ambos fascina. Fueron solos y, también por casualidad, se rozaron las manos al levantarse al final. Y se dieron calambre, uno de esos que llega hasta la punta de los dedos de los pies y que hace que mires al de enfrente con ojos de plato. Y se miraron y se vieron y sonrieron.
Pablo y Clara, Clara y Pablo, siguieron sus vidas.
Coinciden los martes en el autobús nº76; ella va a clases de pintura y él a clases de inglés. No se hablan, sólo se miran, se ven y sonríen.
Coinciden los viernes en el café-teatro Luna de París, con Lucas y Ana, invisibles. No se hablan, sólo se miran, se ven y sonríen.
Coinciden los domingos en la mañana en la playa chica. Ella con pañuelo al cuello y él con gafas de sol. Una lee frente al mar y el otro toca la misma canción una y otra vez. No se hablan, sólo se miran, se ven y sonríen.
Y se extrañan tanto... Y se desean tanto... que se dan calambre sin rozarse esta vez.
